Las transmisiones televisivas de los juegos de la selección mexicana de futbol son un espejo involuntario de lo que le pasa a la selección.
Apenas se puede ver lo que sucede en la cancha. La verdadera transmisión consiste en otras cosas:
Una avalancha de anuncios de patrocinadores metidos con calzador en los supuestos momentos muertos del juego.
Una insufrible variedad de repeticiones de jugadas, generalmente con logos comerciales, que terminan mareando y confundiendo al televidente.
Una torturante diversidad de tomas y cambios de ángulos de la cámara destinados a probar la superioridad visual, o la originalidad técnica, de una transmisión sobre la del canal contrario.
Una babélica proliferación de comentaristas que sacan ese día sus mejores galas y construyen un delirio auditivo de su propia invención, sobrepuesto al delirio de la voz del Estadio Azteca, que guisa su propio estruendo.
Desde hace un tiempo, un momento estelar de la afición del Azteca es gritar a coro“¡Puuuto!”, cuando el portero del otro equipo va a despejar desde su meta.
Es el mismo estadio que cuando la selección mexicana juega mal se le voltea y empieza a corear los pases del equipo contrario con resentidos “Ooole”.
El juego está intervenido a tal punto por otros intereses, que termina pasando a segundo plano lo que sucede en la cancha. El juego que transmite la tele es sobre todo el espacio donde compiten anunciantes, medios y aficionados en un espíritu visual y auditivo de discoteque para borrachos, donde no queda un segundo libre sin que alguien lo use abusivamente.
El juego que puede verse por televisión es un espectáculo tasajeado, confuso, hartante y, a su manera, enloquecedor.
El cuento de fondo es que ese futbol de calidad media que vemos en la cancha, no es el nivel verdadero del futbol mexicano, sino la culpa y la responsabilidad exigible de alguien: normalmente el entrenador, a veces los jugadores, que ¡ sacrilegio!, se equivocan. No es que así jueguen, es que alguien los hace jugar así, el entrenador o su temperamento o su vedettismo, siendo ellos mejores de lo que, avaramente, demuestran en la cancha.
Los jugadores han empezado a resentir esta locura y a decirlo, a quejarse de la presión de los medios y de las exigencias caprichosas del público. Ojalá y cierren filas y lo digan de una vez, en defensa propia y en defensa del futbol que apenas puede verse por la tele cuando juega la selección.
lunes, 30 de marzo de 2009
domingo, 29 de marzo de 2009
El reto es de visita
“La fortuna favorece a la mente preparada”. Louis Pasteur.
El marco esplendoroso del Estadio Azteca hacía casi imposible una derrota mexicana. El Tri ganó fácilmente a una Costa Rica que habló demasiado para el fútbol que traía en la maleta.
Nadie puede restar méritos al equipo mexicano, que ganó bien, pero que en honor a la verdad no hizo nada extraordinario, ganar de local es una obligación. La verdadera prueba para comprobar la mejoría futbolística del equipo será el miércoles ante Honduras, en calidad de visitante.
A los verdes se les ha complicado una barbaridad los juegos fuera de casa con Eriksson, más que de costumbre. Si México juega con personalidad este miércoles en Honduras y consigue un empate o una victoria, el camino al Mundial se le habrá despejado.
Eriksson no puede creer que ha salvado la cabeza, o lo dueños no pueden pensar que Costa Rica en el Estadio Azteca fue un parámetro de excelencia. La victoria es oxígeno puro, dadas las circunstancias en las que llegaba México al compromiso, pero insisto si la mejoría es real se comprobará este próximo miércoles.
Honduras perdió a su mejor hombre, David Suazo, pero no deja de ser temible en su estadio.
Las últimas incursiones aztecas han sido derrotas contundentes, así que la prueba no es nada sencilla.
El marco esplendoroso del Estadio Azteca hacía casi imposible una derrota mexicana. El Tri ganó fácilmente a una Costa Rica que habló demasiado para el fútbol que traía en la maleta.
Nadie puede restar méritos al equipo mexicano, que ganó bien, pero que en honor a la verdad no hizo nada extraordinario, ganar de local es una obligación. La verdadera prueba para comprobar la mejoría futbolística del equipo será el miércoles ante Honduras, en calidad de visitante.
A los verdes se les ha complicado una barbaridad los juegos fuera de casa con Eriksson, más que de costumbre. Si México juega con personalidad este miércoles en Honduras y consigue un empate o una victoria, el camino al Mundial se le habrá despejado.
Eriksson no puede creer que ha salvado la cabeza, o lo dueños no pueden pensar que Costa Rica en el Estadio Azteca fue un parámetro de excelencia. La victoria es oxígeno puro, dadas las circunstancias en las que llegaba México al compromiso, pero insisto si la mejoría es real se comprobará este próximo miércoles.
Honduras perdió a su mejor hombre, David Suazo, pero no deja de ser temible en su estadio.
Las últimas incursiones aztecas han sido derrotas contundentes, así que la prueba no es nada sencilla.
viernes, 27 de marzo de 2009
La muerte del "Ratón" Macías por Poncho Vera
Como usted bien sabe, estimado lector, falleció a quien muchos consideran como el máximo ídolo, no sólo del boxeo nacional, sino de todo el deporte mexicano.
Raúl Macías, el admirado Ratón, falleció, y no obstante que dejó de pelear hace muchos, muchos años, sus hazañas en el cuadrilátero siguen llenando de emoción a la sociedad mexicana, son recordadas. Su muerte sacudió a la opinión pública.
¿Por qué fue un ídolo El Ratón Macías? Primero, claro, por sus grandes cualidades como boxeador, por su inigualable técnica, por su valentía, por su empuje; también, por su carisma, por su personalidad, vaya, por su ángel; consideremos también que poseía una virtud bárbara para poder identificarse con el pueblo mexicano… sin olvidar su sencillez, su comportamiento público ejemplar, su nunca “perder piso”.
Imposible olvidar su célebre y humilde frase “todo se lo debo a mi manager y a la Virgen de Guadalupe”, palabras llegadoras a millones de mexicanos.
Murió un ídolo y fue despedido como todo un héroe.
Ser despedido, recibir el último adiós como un héroe… ¿cuántos casos de esos?, muy pocos.
Es tan importante el tener ídolos… que sean personas, claro, con errores, pero con muchas virtudes…Un ídolo inspira, emociona, alegra… pero sobre todo nos da esperanza, nos hace soñar, y eso, sin duda, es algo positivo. Eso sí, siempre hay que tomar en cuenta que todo exceso es malo, idolatrar sin medida nos hace caer en un estado de irrealidad permanente, y por lo tanto nos convierte en personas inútiles para nuestra sociedad.
Lo que sí que es hermoso es, mientras esté “trabajando” nuestro ídolo, entregarnos a él, olvidarnos de lo cotidiano, vivir los sueños… eso sí, para después regresar a la realidad.
Los ídolos nos alegran el corazón, nos hacen sonreír, lo que es sin duda parte importantísima para disfrutar la vida, que tiene que ser, a pesar de todo, disfrutable.
¿Tiene usted, que me hace el favor de leerme algún ídolo? Yo le confieso, tengo, y tengo muchos. Me gusta admirar a la gente, sorprenderme con lo que es capaz de hacer, de realizar el ser humano.Creo que todos debemos de realizar una vida digna de admiración, hay que comportarnos para ser admirados, no para ser reconocidos por “las masas”, más bien para que los nuestros, nuestros amigos, familiares y demás seres queridos nos vean así.
La admiración que siente un hijo por su padre, por su madre, no tiene comparación. Ni qué decir de lo que sienten los papás al experimentar el triunfo, el logro de sus hijos.
Recomiendo ampliamente tener ídolos, eso sí, no esos que nos venden mentiras, fanfarronerías y estupideces… admiremos a los grandes hombres.
Raúl Macías, el admirado Ratón, falleció, y no obstante que dejó de pelear hace muchos, muchos años, sus hazañas en el cuadrilátero siguen llenando de emoción a la sociedad mexicana, son recordadas. Su muerte sacudió a la opinión pública.
¿Por qué fue un ídolo El Ratón Macías? Primero, claro, por sus grandes cualidades como boxeador, por su inigualable técnica, por su valentía, por su empuje; también, por su carisma, por su personalidad, vaya, por su ángel; consideremos también que poseía una virtud bárbara para poder identificarse con el pueblo mexicano… sin olvidar su sencillez, su comportamiento público ejemplar, su nunca “perder piso”.
Imposible olvidar su célebre y humilde frase “todo se lo debo a mi manager y a la Virgen de Guadalupe”, palabras llegadoras a millones de mexicanos.
Murió un ídolo y fue despedido como todo un héroe.
Ser despedido, recibir el último adiós como un héroe… ¿cuántos casos de esos?, muy pocos.
Es tan importante el tener ídolos… que sean personas, claro, con errores, pero con muchas virtudes…Un ídolo inspira, emociona, alegra… pero sobre todo nos da esperanza, nos hace soñar, y eso, sin duda, es algo positivo. Eso sí, siempre hay que tomar en cuenta que todo exceso es malo, idolatrar sin medida nos hace caer en un estado de irrealidad permanente, y por lo tanto nos convierte en personas inútiles para nuestra sociedad.
Lo que sí que es hermoso es, mientras esté “trabajando” nuestro ídolo, entregarnos a él, olvidarnos de lo cotidiano, vivir los sueños… eso sí, para después regresar a la realidad.
Los ídolos nos alegran el corazón, nos hacen sonreír, lo que es sin duda parte importantísima para disfrutar la vida, que tiene que ser, a pesar de todo, disfrutable.
¿Tiene usted, que me hace el favor de leerme algún ídolo? Yo le confieso, tengo, y tengo muchos. Me gusta admirar a la gente, sorprenderme con lo que es capaz de hacer, de realizar el ser humano.Creo que todos debemos de realizar una vida digna de admiración, hay que comportarnos para ser admirados, no para ser reconocidos por “las masas”, más bien para que los nuestros, nuestros amigos, familiares y demás seres queridos nos vean así.
La admiración que siente un hijo por su padre, por su madre, no tiene comparación. Ni qué decir de lo que sienten los papás al experimentar el triunfo, el logro de sus hijos.
Recomiendo ampliamente tener ídolos, eso sí, no esos que nos venden mentiras, fanfarronerías y estupideces… admiremos a los grandes hombres.
La ira de Nery Castillo por Raúl Trejo Delarbre
A un futbolista no hay que pedirle que sepa alternar con elegancia y sagacidad en el debate público sino que pueda meter goles. De los periodistas deportivos, no habría que esperar indiscreciones y anécdotas menores sino hechos. Sin embargo el afán de notoriedad que abruma y con frecuencia define a los futbolistas y muy especialmente el ansia de espectacularidad que obsesiona al futbol mexicano, ha convertido a ese deporte en permanente escenario de estrépito.
El interés que no suscitan las frecuentemente grises actuaciones en la cancha, es tristemente reemplazado por una feria de episodios a veces impostados y en otras, como sucedió con Nery Castillo, consecuencia de esa confusión entre el espectáculo deportivo y el espectáculo circense.
Al joven y en ocasiones brillante delantero del Shakhtar Donetsk, de Ucrania, le ha ido mal con los medios a consecuencia de que no le ha ido del todo bien en el futbol. Los traspasos de un equipo a otro, el vagabundeo por media Europa y quizá el jet lag acumulado por los recorridos trasatlánticos, junto con alguna pregunta impertinente, lo llevaron a la intolerancia pendenciera el miércoles pasado cuando participaba en una conferencia de prensa. Cuando un reportero le recordó los cuestionamientos que ha recibido en diversos medios mexicanos Castillo se exaltó y exhibió una desmañada concepción de las diferencias que a su juicio deben mantenerse entre informadores y futbolistas.
Los medios en México, se quejó, critican a los jugadores cuando fallan y no los arropan cuando tienen éxito. Los periodistas destinados a informar sobre ese deporte, insistió, no tienen autoridad suficiente para opinar de futbol porque no han sido jugadores destacados. Y como esas declaraciones comenzaron a suscitar silbidos entre los reporteros y camarógrafos, Castillo les recordó que no han podido sino conformarse con permanecer en México cuando él y otros de sus compañeros juegan y viven en Europa.
Si la doctrina Castillo funcionara en otras áreas, solamente podrían escribir de cine personajes como Francis Ford Coppola o Steven Spielberg y, entre nosotros, Felipe Cazals, Paul Leduc o Alejandro González Iñárritu. Y en materia de asuntos políticos, las columnas de esa índole solamente podrían estar firmadas por mujeres y hombres como Beatriz Paredes, Jesús Ortega, Germán Martínez y (¡horror!) Elba Esther Gordillo o Porfirio Muñoz Ledo.
La idea de que para opinar sobre un asunto hay que haber sido artesano o profesional en ese campo, suele ser coartada para eludir la crítica. Pero en algo quizá tiene razón el iracundo joven que nació en San Luis Potosí pero cuya ascendencia uruguaya también le hubiera permitido jugar en la selección futbolística de aquel país sudamericano. En los medios, los personajes públicos no suelen encontrar reconocimiento por sus logros sino en sus tropiezos. Vende más, mediáticamente, un altercado callejero que una jugada magistral en el terreno de juego. A la postre, y con excepciones que son eso, la prensa electrónica y escrita recuerda más los dislates verbales que, cuando ocurren, los méritos profesionales de los deportistas. Y lo mismo puede decirse para cineastas, políticos, actores y cualquier otro gremio con visibilidad mediática frecuente.
Las fanfarronadas de Neri Castillo son inaceptables -especialmente el burdo reto que formuló a un reportero de La Afición para dirimir sus diferencias a trancazos-. También resulta algo lacrimoso el coro de indignaciones que, en parte auspiciadas por la solidaridad gremial entre los reporteros y que, al mismo tiempo, construyen un nuevo villano en este contexto de maniqueísmo mediático. Pero no son más que expresión de un futbol agobiado por el nerviosismo y en donde la supremacía del negocio y el espectáculo desplazan a la calidad deportiva.
Ojalá que Castillo se reivindique mañana sábado, no delante de los micrófonos sino en la cancha del Azteca, en el partido contra Costa Rica. Y ojalá que el resultado, sea cual sea, no conduzca a olvidar que el encuentro realmente difícil para la selección mexicana será el del miércoles siguiente, el 1 de abril, contra Honduras en San Pedro Sula.
El interés que no suscitan las frecuentemente grises actuaciones en la cancha, es tristemente reemplazado por una feria de episodios a veces impostados y en otras, como sucedió con Nery Castillo, consecuencia de esa confusión entre el espectáculo deportivo y el espectáculo circense.
Al joven y en ocasiones brillante delantero del Shakhtar Donetsk, de Ucrania, le ha ido mal con los medios a consecuencia de que no le ha ido del todo bien en el futbol. Los traspasos de un equipo a otro, el vagabundeo por media Europa y quizá el jet lag acumulado por los recorridos trasatlánticos, junto con alguna pregunta impertinente, lo llevaron a la intolerancia pendenciera el miércoles pasado cuando participaba en una conferencia de prensa. Cuando un reportero le recordó los cuestionamientos que ha recibido en diversos medios mexicanos Castillo se exaltó y exhibió una desmañada concepción de las diferencias que a su juicio deben mantenerse entre informadores y futbolistas.
Los medios en México, se quejó, critican a los jugadores cuando fallan y no los arropan cuando tienen éxito. Los periodistas destinados a informar sobre ese deporte, insistió, no tienen autoridad suficiente para opinar de futbol porque no han sido jugadores destacados. Y como esas declaraciones comenzaron a suscitar silbidos entre los reporteros y camarógrafos, Castillo les recordó que no han podido sino conformarse con permanecer en México cuando él y otros de sus compañeros juegan y viven en Europa.
Si la doctrina Castillo funcionara en otras áreas, solamente podrían escribir de cine personajes como Francis Ford Coppola o Steven Spielberg y, entre nosotros, Felipe Cazals, Paul Leduc o Alejandro González Iñárritu. Y en materia de asuntos políticos, las columnas de esa índole solamente podrían estar firmadas por mujeres y hombres como Beatriz Paredes, Jesús Ortega, Germán Martínez y (¡horror!) Elba Esther Gordillo o Porfirio Muñoz Ledo.
La idea de que para opinar sobre un asunto hay que haber sido artesano o profesional en ese campo, suele ser coartada para eludir la crítica. Pero en algo quizá tiene razón el iracundo joven que nació en San Luis Potosí pero cuya ascendencia uruguaya también le hubiera permitido jugar en la selección futbolística de aquel país sudamericano. En los medios, los personajes públicos no suelen encontrar reconocimiento por sus logros sino en sus tropiezos. Vende más, mediáticamente, un altercado callejero que una jugada magistral en el terreno de juego. A la postre, y con excepciones que son eso, la prensa electrónica y escrita recuerda más los dislates verbales que, cuando ocurren, los méritos profesionales de los deportistas. Y lo mismo puede decirse para cineastas, políticos, actores y cualquier otro gremio con visibilidad mediática frecuente.
Las fanfarronadas de Neri Castillo son inaceptables -especialmente el burdo reto que formuló a un reportero de La Afición para dirimir sus diferencias a trancazos-. También resulta algo lacrimoso el coro de indignaciones que, en parte auspiciadas por la solidaridad gremial entre los reporteros y que, al mismo tiempo, construyen un nuevo villano en este contexto de maniqueísmo mediático. Pero no son más que expresión de un futbol agobiado por el nerviosismo y en donde la supremacía del negocio y el espectáculo desplazan a la calidad deportiva.
Ojalá que Castillo se reivindique mañana sábado, no delante de los micrófonos sino en la cancha del Azteca, en el partido contra Costa Rica. Y ojalá que el resultado, sea cual sea, no conduzca a olvidar que el encuentro realmente difícil para la selección mexicana será el del miércoles siguiente, el 1 de abril, contra Honduras en San Pedro Sula.
miércoles, 25 de marzo de 2009
¿Periodistas deportivos?
“El periodismo debe confortar a los afligidos y afligir a los cómodos”.
Ante los ojos de la Federación Mexicana y los jugadores de la selección azteca hay dos tipos de periodistas: Los buenos, a los que se les ofrecen exclusivas sin reservas, y los malos, esos que sufren los desplantes de las 'estrellas mexicanas' y a los que se les ponen tantas trabas como es posible para conseguir una entrevista o tener acceso a los días de prensa del Tri.
Afortunadamente pertenezco al segundo grupo, y digo afortunadamente, por que para pertenecer al séquito privilegiado, hay que guardar en un cajón con llave el precepto básico del periodismo: la crítica, y convertirse en una porrista sin ningún otro objetivo más que arengar y solidarizarse con 'el equipo de todos'.
Sintonizar un partido de la selección mexicana en alguna de las dos principales cadenas televisivas de México, significa soportar a tres o cuatro edecanes de la federación disfrazados de cronistas deportivos. Periodistas sin ningún tipo de rigor crítico que festejan hasta la más mínima acción mexicana con marichis y todo.No se digan los noticiarios deportivos, que parecen más un promocional para vender playeras que un informativo. Es común ver a Sven-Göran Eriksson en entrevistas exclusivas a modo, donde las preguntas están aprobadas previamente por el aparato de comunicación de la federación y sirven para que el sueco practique su mal español con respuestas ambigüas.
Es por esta circunstancia que la crítica de los medios significa un ataque para jugadores sin capacidad de autoanálisis y dudoso bagaje cultural. La prensa de cualquier país está obligada a ser crítica, independientemente del color de su camiseta, la situación que esté atravesando o lo que se esté jugando, inclusive si es un boleto al Mundial.
Ante los ojos de la Federación Mexicana y los jugadores de la selección azteca hay dos tipos de periodistas: Los buenos, a los que se les ofrecen exclusivas sin reservas, y los malos, esos que sufren los desplantes de las 'estrellas mexicanas' y a los que se les ponen tantas trabas como es posible para conseguir una entrevista o tener acceso a los días de prensa del Tri.
Afortunadamente pertenezco al segundo grupo, y digo afortunadamente, por que para pertenecer al séquito privilegiado, hay que guardar en un cajón con llave el precepto básico del periodismo: la crítica, y convertirse en una porrista sin ningún otro objetivo más que arengar y solidarizarse con 'el equipo de todos'.
Sintonizar un partido de la selección mexicana en alguna de las dos principales cadenas televisivas de México, significa soportar a tres o cuatro edecanes de la federación disfrazados de cronistas deportivos. Periodistas sin ningún tipo de rigor crítico que festejan hasta la más mínima acción mexicana con marichis y todo.No se digan los noticiarios deportivos, que parecen más un promocional para vender playeras que un informativo. Es común ver a Sven-Göran Eriksson en entrevistas exclusivas a modo, donde las preguntas están aprobadas previamente por el aparato de comunicación de la federación y sirven para que el sueco practique su mal español con respuestas ambigüas.
Es por esta circunstancia que la crítica de los medios significa un ataque para jugadores sin capacidad de autoanálisis y dudoso bagaje cultural. La prensa de cualquier país está obligada a ser crítica, independientemente del color de su camiseta, la situación que esté atravesando o lo que se esté jugando, inclusive si es un boleto al Mundial.
Decálogo incompleto por Roberto Gómez Junco
Como cualquier receso es propicio para revisar conceptos, actualicemos nuestro propio e incompleto decálogo del periodista futbolero.
Un decálogo que hasta el momento incluye los siguientes principios y "mandamientos":
1.- Escribir y decir lo que se piensa, y fundamentar lo que se dice y escribe.Tener opinión propia y no prestada, y esgrimir argumentos sólidos para sustentar lo que se opina.
2.- Hablar y escribir sin ponerse ninguna camiseta.No convertirse en porrista de nadie y juzgar a todos los equipos bajo los mismos parámetros sin ponerse la respectiva playera al hablar de ellos; aunque se corra el riesgo de ser tachado, por quienes sí se la ponen, de "antiamericanista", o "antichiva", o "antipuma", o "antirrayado", o "antitigre", o "antitricolor" o "antitodo".
3.- Entender que el compromiso fundamental es con el lector, el radioescucha o el televidente.
No responder a ninguno de los muchos intereses que contaminan nuestro futbol, y tener presente siempre que ese compromiso primordial e ineludible no es con los jugadores, ni con los técnicos, ni con los directivos, ni con los patrocinadores, ni con los jefes o dueños del medio en el que se colabora.
4.- Cuidar tanto el fondo como la forma: qué se dice o se escribe y cómo escribirlo o decirlo.
5.- Rescatar lo positivo antes de mencionar lo negativo.
6.- Remitirse y limitarse a criticar al profesional, sin meterse con la persona.
7.- No decir ni escribir nada que el columnista o comentarista no se atreva a sostener en frente del directamente involucrado con lo que se dice o escribe.
8.- Nunca olvidar que lo esencial es lo que sucede en la cancha, pero tampoco eludir los temas "de pantalón largo" que inciden en el desempeño de los que realmente juegan.
9.- Darle a cada tema o asunto su verdadera dimensión. No ver las cosas de color negro pero tampoco verlo todo color de rosa, y entender que a final de cuentas esto del futbol solamente es un juego... que debe ser bien jugado.
En términos generales, son ésos los principios y "mandamientos" del incompleto decálogo al que se atiene este columnista.Y usted, estimado lector.... ¿cuál sugiere para completarlo?
Un decálogo que hasta el momento incluye los siguientes principios y "mandamientos":
1.- Escribir y decir lo que se piensa, y fundamentar lo que se dice y escribe.Tener opinión propia y no prestada, y esgrimir argumentos sólidos para sustentar lo que se opina.
2.- Hablar y escribir sin ponerse ninguna camiseta.No convertirse en porrista de nadie y juzgar a todos los equipos bajo los mismos parámetros sin ponerse la respectiva playera al hablar de ellos; aunque se corra el riesgo de ser tachado, por quienes sí se la ponen, de "antiamericanista", o "antichiva", o "antipuma", o "antirrayado", o "antitigre", o "antitricolor" o "antitodo".
3.- Entender que el compromiso fundamental es con el lector, el radioescucha o el televidente.
No responder a ninguno de los muchos intereses que contaminan nuestro futbol, y tener presente siempre que ese compromiso primordial e ineludible no es con los jugadores, ni con los técnicos, ni con los directivos, ni con los patrocinadores, ni con los jefes o dueños del medio en el que se colabora.
4.- Cuidar tanto el fondo como la forma: qué se dice o se escribe y cómo escribirlo o decirlo.
5.- Rescatar lo positivo antes de mencionar lo negativo.
6.- Remitirse y limitarse a criticar al profesional, sin meterse con la persona.
7.- No decir ni escribir nada que el columnista o comentarista no se atreva a sostener en frente del directamente involucrado con lo que se dice o escribe.
8.- Nunca olvidar que lo esencial es lo que sucede en la cancha, pero tampoco eludir los temas "de pantalón largo" que inciden en el desempeño de los que realmente juegan.
9.- Darle a cada tema o asunto su verdadera dimensión. No ver las cosas de color negro pero tampoco verlo todo color de rosa, y entender que a final de cuentas esto del futbol solamente es un juego... que debe ser bien jugado.
En términos generales, son ésos los principios y "mandamientos" del incompleto decálogo al que se atiene este columnista.Y usted, estimado lector.... ¿cuál sugiere para completarlo?
Despido de Guzmán
“Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito”. Thomas Alva Edison.
Daniel Guzmán, sin duda, pasará como uno de los entrenadores más exitosos que ha tenido el Santos Laguna en su corta, pero productiva historia, nadie duda de ello, supo conjuntar un equipo de estrellas en un excelente grupo, producto de la unidad que se dió durante el tiempo crítico del descenso.
Le dio a la institución --junto a la excepcional plantilla de jugadores-- su primer liderato general, su tercera estrella, un año inolvidable, y fue parte de la salvación agónica.
Nos regresó--junto a los jugadores--la tranquilidad en el porcentaje, dándonos un colchon amplio, y presto para trabajar tranquilamente en cada temporada sin entrar en desvelos de descenso. Trajo a jugadorazos tales como Christian Benítez, Darwin Quintero, Daniel Ludueña, Guti Estrada entre otros.
Se le agradeció en su momento, se le festejó, se le apoyó y hasta en ocasiones se le protegió, pero sus propias acciones fueron las que le fueron poniendo la soga en el cuello, cambios y 2 temporadas mal planeadas, un sin fin de rumores extra-cancha, oídos sordos, falta de humildad para aceptar los errores y una soberbia desmedida, dieron al traste con la alegría lograda después de la tercera estrella, la cual, ahí queda para la historia, y su nombre, quedará junto a los Alfredo Tena y Fernando Quirarte aunque eso a muchos no les guste y a uno que otro le arda.
Lo único que esta humilde tribuna pedía, era congruencia en el equipo, en las alineaciones y en los cambios, sin embargo, dudamos el porque nunca hubo tal, se casó con sus ideas, y desgraciadamente para su trabajo se fue con ellas. Era algo ilógico que alguien pusiera en riesgo su empleo con este tipo de acciones, pero eso parecía no importar al timonel guerrero.
Esperamos que así como tomaron esta acción de prescindir de los servicios de Daniel Guzmán, la directiva también le de un jalón de orejas a muchos de los jugadores que parece que se han dormido en sus laureles y se han echado a una hamaca cerca de 1 año bajando su rendimiento notablemente y dejando de mostrar el hambre, espíritu y fortaleza que este equipo debe siempre mostrar.
Daniel Guzmán, sin duda, pasará como uno de los entrenadores más exitosos que ha tenido el Santos Laguna en su corta, pero productiva historia, nadie duda de ello, supo conjuntar un equipo de estrellas en un excelente grupo, producto de la unidad que se dió durante el tiempo crítico del descenso.
Le dio a la institución --junto a la excepcional plantilla de jugadores-- su primer liderato general, su tercera estrella, un año inolvidable, y fue parte de la salvación agónica.
Nos regresó--junto a los jugadores--la tranquilidad en el porcentaje, dándonos un colchon amplio, y presto para trabajar tranquilamente en cada temporada sin entrar en desvelos de descenso. Trajo a jugadorazos tales como Christian Benítez, Darwin Quintero, Daniel Ludueña, Guti Estrada entre otros.
Se le agradeció en su momento, se le festejó, se le apoyó y hasta en ocasiones se le protegió, pero sus propias acciones fueron las que le fueron poniendo la soga en el cuello, cambios y 2 temporadas mal planeadas, un sin fin de rumores extra-cancha, oídos sordos, falta de humildad para aceptar los errores y una soberbia desmedida, dieron al traste con la alegría lograda después de la tercera estrella, la cual, ahí queda para la historia, y su nombre, quedará junto a los Alfredo Tena y Fernando Quirarte aunque eso a muchos no les guste y a uno que otro le arda.
Lo único que esta humilde tribuna pedía, era congruencia en el equipo, en las alineaciones y en los cambios, sin embargo, dudamos el porque nunca hubo tal, se casó con sus ideas, y desgraciadamente para su trabajo se fue con ellas. Era algo ilógico que alguien pusiera en riesgo su empleo con este tipo de acciones, pero eso parecía no importar al timonel guerrero.
Esperamos que así como tomaron esta acción de prescindir de los servicios de Daniel Guzmán, la directiva también le de un jalón de orejas a muchos de los jugadores que parece que se han dormido en sus laureles y se han echado a una hamaca cerca de 1 año bajando su rendimiento notablemente y dejando de mostrar el hambre, espíritu y fortaleza que este equipo debe siempre mostrar.
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